¿Quién verifica que una etiqueta es auténtica?
Algo que guarde el secreto correspondiente, y ese algo no es nunca el teléfono que el cliente tiene en la mano. El teléfono transmite un desafío y una respuesta a un servicio capaz de juzgarlos, y por eso un esquema de autenticación es un servicio con un chip pegado y no un chip por su cuenta.
El teléfono es un mensajero
Un teléfono que lee una etiqueta que se autentica lleva el intercambio entre el chip y quien pueda juzgarlo. No es el juez.
No puede serlo, porque juzgar exige guardar el secreto correspondiente, y un secreto puesto en el teléfono de cada cliente no es un secreto.
Es el caso de NFC Tools. En iOS necesita un iPhone 7 o posterior con iOS 15.6 como mínimo, y la aplicación debe abrirse manualmente. La lectura en segundo plano está disponible a partir del iPhone XS y XR.
Así que el modelo mental útil es un mensajero con un sobre cerrado, y la pregunta que sigue es quién lo abre.
Qué debe guardar el servicio
El material de clave correspondiente a lo que se programó en los chips, o el acceso a una parte que lo guarde.
Un registro de qué etiquetas existen, para que una prueba válida de una etiqueta que nadie pidió se reconozca como el problema que es.
Para los esquemas basados en contador, un registro de lo que ya se ha visto, más una política para las etiquetas que llegan fuera de paso.
Y una respuesta para el fallo. Un servicio que devuelve una cruz roja sin ninguna consecuencia definida ha producido una alarma sobre la que nadie actúa.
El problema de cara al público
Un esquema dirigido al público tiene que funcionar para alguien que no ha oído hablar de él nunca, con el teléfono que tenga, de pie en una tienda.
Si verificar exige instalar antes una aplicación, casi nadie verificará, y el esquema protege la reputación de la marca en vez de al cliente.
Si funciona con un toque a secas hacia una página web, la adopción es mucho mejor y la verificación es más débil, porque lo que una página puede hacer con el intercambio es más limitado.
Ese cambio es la decisión de diseño central de cualquier programa de autenticación de cara al público, y la toma quien elige el chip, normalmente sin darse cuenta.
Qué tiene que seguir funcionando
El servicio, mientras los productos estén en circulación, que para los bienes duraderos es más de lo que dura casi cualquier software.
El material de clave, protegido y recuperable, a través de cambios de personal y de proveedor.
Y la dirección a la que apuntan las etiquetas, fijada en silicio o en contenido y que no se puede cambiar una vez enviada la mercancía.
Un esquema es por tanto un compromiso con una duración, y la duración debería enunciarse antes de pedir la primera etiqueta.
Preguntas frecuentes
¿Puede mi teléfono verificar una etiqueta por sí solo?
No. Verificar exige el secreto correspondiente, y un secreto guardado en cada teléfono no sería secreto.
¿Necesita el cliente una aplicación?
Depende del esquema. Exigirla da una verificación más fuerte y muchísima menos gente que verifique de verdad.
¿Qué pasa si el servicio cierra?
Las etiquetas siguen leyéndose y no demuestran nada que nadie pueda comprobar. El compromiso dura lo que duren los productos.
¿Quién debería gestionar el verificador?
Quien vaya a seguir existiendo cuando los productos sigan en circulación. Ese horizonte es más largo de lo que supone casi cualquier proyecto.